¿Sabías que los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo cerebral de tu hijo o hija? ¿Cómo estás aprovechando este periodo para estimular su crecimiento? ¿Estás al tanto de los beneficios que tiene la música, el arte y la lectura en el desarrollo integral de tu hijo o hija durante sus primeros años de vida?
Los primeros años de vida son cruciales porque generamos la base de nuestro modo de pensamiento, es el momento en el que mayor plasticidad cerebral por lo que se crearán más conexiones neuronales a través de las experiencias a una velocidad que nunca más va a alcanzar. Por eso la estimulación temprana puede ser una gran apoyo en el inicio de la vida.
La estimulación temprana es un conjunto de actividades y ejercicios diseñados para potenciar el desarrollo físico, cognitivo, social y emocional de los niños desde su nacimiento hasta los 6 años. Estas actividades se enfocan en aprovechar la plasticidad cerebral en los primeros años de vida para fomentar habilidades motoras, lingüísticas y emocionales, adaptándose al ritmo individual de cada niño. Para enfocar el trabajo de forma integral, los objetivos a trabajar se organizan según las áreas del desarrollo infantil:

La musicoterapia en la estimulación temprana es el uso de la música y sus elementos (ritmo, melodía, sonido) para promover el desarrollo integral de niños y niñas. A través de actividades como cantar, escuchar música o tocar instrumentos, se estimulan áreas clave del cerebro, favoreciendo su desarrollo en un ambiente lúdico y terapéutico. Las prácticas principales que se utilizan en musicoterapia se pueden englobar en:

Beneficios
Los principales beneficios que ofrece la estimulación temprana mediante la musicoterapia son:
- Potencia su atención, concentración y memoria
La música favorece la conexión neuronal y activa múltiples áreas del cerebro involucradas en el procesamiento auditivo, la coordinación motora y la memoria.
Al ser una experiencia multisensorial, la música capta la atención y mantiene su interés con los diferentes cambios en el ritmo, melodía y tonalidad, lo que fortalece su capacidad de mantener la atención durante períodos más largos. Además, participar en actividades como escuchar canciones o tocar instrumentos, hace que enfoque su atención en los sonidos, patrones y tiempos musicales, lo que mejora su habilidad de atención sostenida.

En musicoterapia se utilizan actividades como repetir secuencias rítmicas o seguir el ritmo de una melodía, lo que entrena la concentración en tareas específicas. Al tener que seguir patrones musicales o imitar sonidos, aprenden a concentrarse en una actividad específica sin distraerse fácilmente.
La repetición de canciones y melodías también facilita el aprendizaje y mejora la memoria a corto y largo plazo. Los niños y niñas tienden a recordar canciones, letras y ritmos con mayor facilidad, lo que fortalece su capacidad de memoria auditiva. Además, la música activa simultáneamente ambos hemisferios cerebrales, lo que favorece la retención de información. Esta doble activación neuronal ayuda a los niños a mejorar tanto su memoria verbal (recuerdo de letras y frases) como su memoria no verbal (recuerdo de melodías y ritmos).
- Fortalece la psicomotricidad
El uso de sonidos, ritmos y movimientos combinados estimula la coordinación motora y el control del cuerpo.
Bailar al ritmo de la música o realizar gestos acompañando un canción involucra los movimientos corporales en la actividad musical. Así, aprenden a coordinar grandes grupos musculares (piernas, brazos, tronco) para moverse en sintonía con los ritmos, lo que favorece el equilibrio y la coordinación general del cuerpo, mejorando su motricidad gruesa.
La motricidad fina se desarrolla al tocar pequeños instrumentos musicales que implican el control de los músculos de las manos y los dedos. Estas actividades requieren precisión y coordinación, ayudando a los niños a mejorar su destreza manual y también fomentar la coordinación mano-ojo.

La musicoterapia también ayuda a mejorar la integración sensorial, ya que se procesan estímulos auditivos (sonidos), visuales (movimientos) y táctiles (tocar instrumentos) simultáneamente. Esta combinación de sentidos facilita el desarrollo de habilidades psicomotoras complejas al reforzar la conexión entre el cerebro y el cuerpo.

Al seguir ritmos musicales, los niños mejoran su capacidad de sincronización. Aprenden a coordinar sus movimientos en el tiempo, siguiendo un ritmo constante, lo que fortalece la psicomotricidad global y favorece el control del movimiento, la orientación espacial y la coordinación. Este proceso de sincronización también fomenta la planificación motora, es decir, la capacidad de preparar y ejecutar movimientos secuenciales, lo cual es fundamental para el desarrollo motor general.
- Fomenta la expresión emocional
Los niños y niñas pequeñas a menudo no tienen el vocabulario necesario para expresar sus emociones de manera verbal, la improvisación musical permite que los niños creen sonidos y melodías que reflejan sus emociones internas, ayudándoles a externalizar lo que sienten.

La musicoterapia brinda oportunidades para que los niños experimenten y comprendan diferentes emociones al escuchar diferentes músicas (melancólica, alegre, enérgica), así aprenden a diferenciar y expresar emociones. Además, actividades como la creación de canciones o el uso de tambores para expresarse permite que experimenten cómo manifestarlas de manera segura y creativa.
La música tiene la capacidad de inducir estados emocionales específicos. Las canciones suaves y lentas pueden calmar a un niño ansioso, mientras que los ritmos rápidos y alegres pueden despertar el entusiasmo o la felicidad. Esto ayuda a aprender a reconocer y regular sus emociones, desarrollando habilidades de autocontrol emocional desde temprana edad.
Las actividades musicales en la estimulación temprana a menudo se llevan a cabo en presencia de adultos, como padres o terapeutas, lo que refuerza el vínculo emocional entre el niño y su entorno. Estas interacciones musicales ayudan al niño a sentirse seguro y comprendido emocionalmente, lo que fomenta una expresión emocional más abierta y confiada.

Si se participa en actividades musicales grupales, no solo expresan sus emociones, sino que también aprenden a reconocer y responder a las emociones de los demás, fomentando la empatía.
- Fomenta la comunicación e interacción social
El ritmo y las canciones ayudan a mejorar la adquisición del lenguaje verbal. La repetición de frases musicales y letras permite que los niños identifiquen sonidos, sílabas y palabras. También mejora la pronunciación y articulación a través de juegos vocales y cantos, lo que facilita el aprendizaje del vocabulario y la estructura gramatical. Además, la repetición de letras musicales, que involucra el reconocimiento de patrones, mejora tanto el vocabulario como la comprensión del lenguaje, facilitando una comunicación más efectiva.

Las actividades musicales grupales, como tocar en conjunto o cantar en coro, enseñan a los niños a turnarse, colaborar y coordinarse con los demás. Estas actividades requieren que los niños escuchen y respondan a las acciones de los otros, fomentando habilidades sociales clave para la interacción social como el respeto por el turno, la cooperación y la participación grupal. Las experiencias musicales compartidas crean un espacio en el que los niños pueden interactuar socialmente de manera natural, ya sea imitando gestos, participando en actividades rítmicas o respondiendo a las emociones de los demás a través de la música.
La capacidad de la música a nivel emocional en un entorno grupal, crea un espacio para aprender a reconocer y responder a las emociones expresadas por otros. Esto facilita la empatía y el desarrollo de habilidades de interacción social, ya que los niños comienzan a entender cómo los demás se sienten y reaccionan. Cantar juntos o tocar instrumentos en sincronía también refuerza el sentido de pertenencia a un grupo, ayudando a los niños a formar lazos emocionales y sociales con sus compañeros.

A través de la musicoterapia, los niños aprenden a imitar gestos y movimientos rítmicos que ven en otros, lo que no solo favorece su comunicación no verbal, sino también su capacidad de interactuar con sus compañeros. La imitación de movimientos, sonidos o melodías facilita la interacción social y la cohesión grupal.
- Estimula la creatividad
En las sesiones de musicoterapia, los niños pueden explorar libremente diferentes instrumentos musicales, descubriendo cómo se producen los sonidos y cómo combinarlos. Esta libertad de experimentación les permite usar su imaginación para crear sus propias melodías y ritmos, fomentando el pensamiento creativo. La improvisación musical, donde los niños inventan sus propios sonidos o canciones en respuesta a estímulos musicales o emocionales, estimula la creatividad espontánea y les permite experimentar sin restricciones.
La improvisación es una parte central de la musicoterapia, en la cual los niños pueden crear música en el momento, tomando decisiones sobre cómo suena la música que están produciendo. Esta libertad para improvisar ayuda a los niños a desarrollar su pensamiento creativo al generar soluciones nuevas e inesperadas. Al elegir qué instrumento tocar o cómo interpretar una canción, los niños están tomando decisiones, lo que refuerza su autonomía.

Al escuchar diferentes tipos de música, los niños visualizan imágenes o historias en su mente, lo que estimula su imaginación. Las canciones narrativas o las piezas instrumentales pueden inspirar a los niños a imaginar escenarios o historias, impulsando su capacidad creativa para inventar nuevos mundos o personajes. El uso de ritmos y sonidos poco convencionales también desafía a los niños a pensar de maneras novedosas, promoviendo un enfoque más flexible y creativo en la resolución de problemas.
En las actividades musicales grupales, los niños aprenden a colaborar creativamente. Pueden inventar canciones en equipo, adaptar letras o crear nuevos ritmos junto con sus compañeros, lo que refuerza la creatividad colaborativa. Este proceso les enseña a aportar ideas, aceptar las de los demás y construir algo nuevo juntos.

Conclusión
En resumen, la estimulación temprana a través de la musicoterapia ofrece una poderosa herramienta para el desarrollo integral de los niños durante los primeros años de vida. Al fomentar habilidades cognitivas, emocionales, motoras y sociales, la musicoterapia no solo estimula la plasticidad cerebral, sino que también ayuda a los niños a expresarse, comunicarse y conectarse con el mundo que los rodea. A través de actividades musicales, los niños desarrollan su creatividad, mejoran su capacidad de atención y memoria, fortalecen su coordinación psicomotriz y aprenden a regular sus emociones. En conjunto, la musicoterapia se presenta como una estrategia lúdica y efectiva que contribuye significativamente al crecimiento sano y equilibrado de los niños, sentando las bases para un desarrollo emocional, cognitivo y social sólido en sus años futuros.
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