”¿Tengo que saber tocar algún instrumento?” ”¿me enseñarás a tocar?” ”¿tengo que cantar? ””¿En musicoterapia se aprende música?” ”Si mi hijo recibe musicoterapia, después podrá tocar un instrumento?” ”¿Puede beneficiarse de la musicoterapia si no le gusta la música?
Estas son algunas preguntas que se repiten en las entrevistas de musicoterapia. Aunque tanto en la musicoterapia como la educación musical la música tiene un papel fundamental, su enfoque y objetivos son muy diferentes.

Si a ti o a tu hijo o hija os gusta la música o crees que puedes beneficiarte de ella, es posible que te hayas planteado la opción de explorar la musicoterapia, pero no conoces la diferencia con las clases de música. En este artículo vamos a explicarlo para que puedas elegir lo que más te conviene o interesa.
El papel de la música ¿medio o fin?
La diferencia principal entre la educación musical y la musicoterapia radica en el rol de la música.
- En la educación musical, la música es el objetivo final. Se busca aprender a tocar un instrumento, comprender la teoría musical o desarrollar habilidades vocales. La enseñanza se enfoca en la técnica, la precisión y la interpretación.

- En musicoterapia, la música no es el fin, sino el medio. Es una herramienta que se utiliza para favorecer el bienestar emocional, social o cognitivo. No importa si la música producida es ”correcta” en términos técnicos, sino el impacto que tiene en la persona que la experimenta.
Objetivos
Debido a este enfoque, los objetivos en cada disciplina son muy diferentes:
- En las clases de música, los objetivos son pedagógicos. Se busca que el alumno desarrolle habilidades musicales, mejore su técnica y corrija errores. El progreso se mide en términos de aprendizaje musical.
- En musicoterapia, los objetivos son terapéuticos y personalizados. Puede trabajarse la expresión emocional, la comunicación, la autoestima, la relajación o la estimulación cognitiva, dependiendo de cada persona.
Errores
En la educación musical, equivocarse forma parte del proceso de aprendizaje. Se detectan errores en la ejecución y se trabaja para corregirlos.

En musicoterapia, no existen los errores. No importa si se toca bien o mal un instrumento o si una canción está afinada o no. Lo relevante es lo que la persona experimenta y cómo la música le ayuda en su proceso personal.
Metodología: enfoques distintos
Las metodologías también varían según los objetivos:
- En las clases de música, se sigue un plan estructurado que puede incluir partituras, ejercicios técnicos y práctica regular. Algunos ejemplos son:
- Suzuki
- Kodály
- Orff
- Dalcroze
- En musicoterapia, las sesiones pueden incluir improvisación, escucha activa, uso de la voz, movimiento, o interacción con instrumentos sin necesidad de conocimientos previos. Algunos ejemplos son:
- Nordoff-Robbins
- Analítica
- Guided Imagery and Music (GIM)
- Benenzon
Mientras que en la educación musical los métodos buscan desarrollar habilidades técnicas, en musicoterapia las metodologías están diseñadas para adaptarse a cada persona y su proceso terapéutico, la flexibilidad es clave.
Encuadre
Otro aspecto fundamental es el encuadre en el que se desarrolla cada actividad.
Encuadre educativo (clases de música): Hay una estructura definida, con objetivos pedagógicos claros. El profesor guía el aprendizaje y evalúa el progreso del alumno.
Encuadre terapéutico (musicoterapia): Se crea un espacio de seguridad donde la música es un vehículo para la exploración y la expresión. No hay evaluación de rendimiento, sino observación del impacto que la música tiene en la persona.
¿Quién la imparte?
El profesional a cargo de cada disciplina también es diferente:
Profesor/a de música: Especialista en pedagogía musical, formación instrumental o técnica vocal. Su función es enseñar, corregir y guiar el desarrollo musical del alumno.

Musicoterapeuta: Profesional con formación específica en musicoterapia, con conocimientos en música, psicología, neurociencia y terapia musical. Diseña sesiones adaptadas a las necesidades emocionales, cognitivas o físicas de cada persona.
Conclusión
Si buscas que tu hijo aprenda a tocar un instrumento, desarrolle sus habilidades musicales o profundice en la teoría musical, las clases de música son la mejor opción.
Si, en cambio, buscas un espacio donde la música ayude a expresar emociones, mejorar la comunicación o trabajar aspectos del desarrollo, la musicoterapia es la alternativa indicada.
Lo más importante es comprender que no se trata de elegir una sobre otra, sino de identificar qué es lo que realmente necesitas o lo que más puede beneficiar a tu hijo. La música, en cualquiera de sus formas, siempre será un camino enriquecedor.
Bibliografía
Bunt, L., & Stige, B. (2014). Music Therapy: An Art Beyond Words. Routledge.
Bruscia, K. E. (2014). Defining Music Therapy (3rd ed.). Barcelona Publishers.
Swanwick, K. (1999). Teaching Music Musically. Routledge.

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